Entradas sin colas a Chichén Itzá

Entradas sin colas a Chichén Itzá

Si combinamos las palabras México, Yucatán y arquitectura monumental, ¿qué resultado crees que puede surgir? En algunas mentes habrá sonado ya el nombre de Chichén Itzá, conjunto arqueológico y monumental maya del que te contaremos todo lo que se ha de saber a la hora de ir a visitarlo. Chichén Itzá es, a día de hoy, una zona arqueológica compuesta por diferentes elementos arquitectónicos que han perdurado a lo largo de los siglos y es un claro manifiesto de la forma de vida de la civilización maya, concretamente de la población llamada bacalar, más tardes llamados itzá y cocomes.

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Cómo surgió el asentamiento de Chichén Itzá

Allá por el siglo VI d. C. comenzó a formarse lo que hoy en día vemos que es Chichen Itzá. Según relatos históricos, la zona de Tinum (donde se erigió el complejo monumental) vio transformada su esencia tras dos grandes movimientos migratorios, el primero llamado Pequeña Bajada o Cenial y el segundo llamado Gran Bajada o Nobenial. Para que la historia quede mucho más clara, la Pequeña Bajada se llama también Cenial principalmente por el lugar de procedencia estas personas, concretamente de la zona este baja de la península del Yucatán que, en otras palabras, se dice cenial. La otra bajada, la grande, se llama nobenial por el mismo motivo, porque esas personas que migraron venían de poniente, del oeste de la península.

Por lo tanto, ya podemos comenzar a adivinar que en el complejo de Chichén Itzá hay diferentes estilos arquitectónicos y, por lo tanto, culturales, pues dos grupos étnicos diferentes poblaron (en diferentes momentos históricos) la zona.

Estos pueblos buscaban una forma de vida aislada del resto y completamente en paz, por lo que la zona del Yucatán se conocía primigeniamente como Mayab, que traducido de la lengua maya significa “pocos, no muchos”. Con la llegada de los primeros pobladores, los pertenecientes a la Pequeña Bajada, se fue configurando Chichén Iztá, cobrando así cada vez más fuerza como centro de peregrinación y devoción así como político y gubernamental, rasgos que llamaron la atención de habitantes vecinos para querer formar parte de ella. Fue entonces cuando surgió la Gran Bajada y, por lo tanto, llegada masiva de nuevos pobladores, configurándose así la estructura actual de Chichén Itzá.

Cuáles son los rasgos clave para comprender Chichén Itzá

Para comprender la función de Chichén Itzá debemos fijarnos en su estructura la cual gira básicamente en torno a conceptos religiosos. En el centro del complejo y reinándolo se encuentra el edificio más importante, la Pirámide de Kukulcán, también conocida como templo y, tras la llegada de los colonos españoles, como castillo. Como buen edificio religioso, su visibilidad tiene un campo de acción bastante amplio, pudiendo verse desde bien lejos y desde diferentes puntos geográficos, es decir, la religión al alcance y vista de toda la población. Este monumento es uno de los claros vestigios arqueológicos que confirman el gran conocimiento que tenía la civilización maya en matemáticas e ingeniería así como la capacidad creativa e imaginativa que poseían. Tras varios estudios, se ha afirmado que el edificio actuaba como un marcador astronómico, ya que la posición del sol es un factor clave en su fisionomía.

Un espectáculo para la vista: la bajada de la Serpiente Emplumada

Como acabamos de anotar, los juegos lumínicos que los rayos del sol y su inclinación hacen sobre la Pirámide de Kukulcán de Chichén Itzá son espectaculares. Durante cinco días en los meses de mayo y septiembre tiene lugar un acontecimiento que todos los visitantes esperan ansiosos, y es la bajada de la Serpiente Emplumada o Kukulcán. Kukulcán es una deidad maya que se ha asociado a un símbolo muy importante para esta civilización, la serpiente, la cual tenía su homónimo en el dios Quetzalcoatl (por eso en algunos momentos se suele pensar que ambos dioses, Kukulcán y Quetzalcoatl son el mismo con pequeñas variaciones). Pues bien, durante esos días en esos meses concretos, durante el atardecer el sol hace un juego de luces precioso en la escalinata NNE (nornordeste) formando triángulos isósceles invertidos, creando un efecto visual de la bajada por los escalones de una serpiente. El efecto dura alrededor de 10 minutos en los que se ve cómo va apareciendo y bajando la serpiente por las escaleras hasta que finalmente se atenúa la silueta y desaparece.

No se sabe a ciencia cierta si los mayas lograron este efecto adrede, pero son demasiadas las coincidencias físicas y astronómicas que confluyen en esta escalinata como para pensar que todas fueron fortuitas. ¡En unos renglones te contamos algunos más!

El sonido del Quetzal

El quetzal es un pájaro de gran relevancia para la cultura maya. ¿Recuerdas el nombre que hemos mencionado de unos de los dioses más importantes para ellos? Sí, efectivamente, nos referimos al dios Quetzalcoatl, la serpiente emplumada. Pero, ¿sabes de dónde le vienen esas plumas? Correcto, del pájaro quetzal (también de ahí parte del nombre del dios, la primera parte significa pájaro y la segunda serpiente). Pues, aunque parezca sorprendente, la Pirámide de Kukulcán es capaz de reproducir el sonido del canto del pájaro. ¿Cómo? Te lo desvelamos a continuación.

Para conseguir ese efecto sonoro no tienes más que ponerte (de nuevo) frente a la escalinata nornordeste del templo y dar unas cuantas palmadas. Esa parte de la pirámide tiene una acústica especial, haciendo un eco de las palmadas que, en absoluto, se parece a su sonido original. Nada más y nada menos, aparece un nuevo sonido, el canto del quetzal. Por eso te decíamos más arriba que es demasiada casualidad que en esa fachada del templo converjan tantos fenómenos (además de carácter religioso) como para que no fueran intencionados.

El número de escalones del Templo de Kukulcán

Haciendo de nuevo referencia a la maravilla arquitectónica que es el templo de Chichen Itzá, hablemos ahora de números. La pirámide está formada por cuatro fachadas, cada una dividir en 9 niveles, y una plataforma que culmina la estructura, llamada templete. Cada fachada tiene su correspondiente escalinata para acceder al templete. Y aquí viene lo interesante: la pirámide cuenta con un total de 365 peldaños (364 escalones de las escaleras de sus fachas y un peldaño final, el templete), la misma cifra que los días que tiene uno de sus calendarios, el llamado Haab o calendario agrícola. Este calendario establece que existen 18 meses, cada uno con 20 días, dando lugar a 360 días normales (ellos los llamaban kines) más 5 días llamados uayeb o nefastos (para los mayas existía la creencia que durante esos días los fantasmas pasados regresaban al mundo y podía ocurrir cualquier catástrofe, pero también eran días de ceremonias y purificación).

Los mayas tenían, a su vez, otro calendario, el llamado Tzolkin, un calendario sagrado. Ambos calendarios fueron fusionados por esta cultura dando lugar a una rueda calendárica, donde los días de manera aislada carecen de sentidos y la cifra de “52 años” se establece como clave para la humanidad. ¿Te sorprendería si te dijéramos que los cifras que surgen de la fusión entre el calendario Habb y el calendario Tzolkin también coinciden (aunque con cuentas algo más complicadas) con el número de elementos de la pirámide? A estas alturas del artículo, seguramente te lo esperabas. Elementos como los adornos del templete en forma de serpiente, las paneles decorativos de cada escalón de las cuatro fachadas y el número total de basamentos dan como cifra final los 18 meses del primer calendario, los 20 días que componían cada uno de esos meses, los 5 días nefastos, y los 52 años que componen el calendario Tzolkin.

El Cenote Sagrado y su curiosos color

La ubicación de Chichen Itzá no debe ser fortuita, pues todos los monumentos religiosos se establecen en lugares aptos para la devoción. A parte de la inflexión que ejerce el sol sobre el lugar creando juegos de sombras, el monumento se levantó muy cerca de un cenote (un tipo de depresión natural inundada por agua) que, a día de hoy, está a cielo abierto. Chichén Itzá, traducido del maya al español, significa boca del pozo, nombre que debe a este accidente geológico.

Este cenote servía para realizar sacrificios humanos, de gran importancia para la cultura maya, pues consideraban que de esta manera los dioses estarían más contentos y agradecidos. Tras investigaciones arqueológicas, se ha llegado a la conclusión que la mayor parte de sacrificios era de niños, pues los huesos hallados en las profundidades del cenote eran de pequeño tamaño y corto desarrollo.

En algunas momentos en los que el sol incide sobre el agua del cenote, se aprecia un precioso color en el fondo, el llamado azul maya. Este color era sagrado para ellos, pues numerosos objetos sagrados y pinturas murales estaban realizados con este color turquesa vibrante. Durante las ceremonias sagradas que se realizaban en el cenote ofreciendo vidas humanas a los dioses, se arrojaban también al agujero a modo de ofrenda objetos de gran valor y copas con el color sagrado, el azul maya. Al repetir esta acción durante años y años, los pigmentos han ido colorando el fondo, apareciendo de vez en cuando el color en la superficie del agua del cenote. ¡Es un efecto alucinante!

Qué otros elementos no puedes perderte en tu visita a Chichén Itzá

Ya hemos hablado de los monumentos más emblemáticos del recinto y que le confieren ese carácter místico y legendario. Pero dentro del complejo (que mide alrededor de 15 kilómetros cuadrados) existen otros monumentos dignos de ver. Por ejemplo, el Templo de los Guerreros y el Templo de las Mil Columnas son de obligada visita, pues dentro de ellas podemos ver la típica escolta maya del Chac Mool, una escultura ritual que muestra a un hombre tumbado sobre su espalda, y sobre su barriga se depositaba un cuenco donde se emplazaban ofrendas.

Tampoco puedes pasar por alto el observatorio que tiene Chichén Itzá, llamado El Caracol. Si subes a esa estructura podrás ver 20 marcas en ella, marcas que corresponden a 20 momentos astronómicos (eclipses, solsticios, posición de planetas, etc.).

El Juego de la Pelota

Lo que inicialmente se describe como juego era, realmente, un práctica religiosa de gran calado en la cultura maya. Durante la celebración de diferentes rituales se jugaba a este juego, para rendir homenaje y ofrecer espectáculo a los dioses. El juego está cargado de simbolismo, pues el uso de la pelota era el equivalente al sol y los aros (dispuestos en las paredes del recinto de juego) equivalían a los astros.

Si bien la dinámica del juego ha sido difícil de asentar con el estudio de documentación maya, se piensa que la idea era que dos equipos se enfrentaran entre sí evitando dejar caer la pelota al suelo, pues sería un mal presagio. Al equipo que más veces se le cayera la pelota al suelo era el perdedor, aunque también había una forma directa de ganar: hacer pasar la pelota por el aro.

Lo que para muchos puede ser un juego inocente (como suele ser cualquier juego), guarda un gran secreto, y es que al terminar la partida, uno de los equipos era sacrificado. Algunos hablan de que el capitán del equipo ganador era decapitado y podía, entonces, reunirse con los dioses; otros hablan de que el equipo perdedor, por no haber sabido honrar a los dioses, era ejecutado. Sea cual sea su final, lo que sí estaba claro es que algunos de sus participantes, tras el juego, pasaban a mejor vida.

Cómo visitar Chichén Itzá y su precio/horarios

El complejo arqueológico tiene varios hoteles en su interior, pero por lo general el turista suele llegar de fuera. Para ello pueden tomarse diferentes medios de transporte, pues a zona está perfectamente conectada con el resto de ciudades al ser un gran reclamo turístico. Existen vuelos directos hasta el lugar si estás alojado en Cancún, pero si está en Mérida (capital de Yucatán), podrás acceder en coche o autobús recorriendo tan solo 120 kilómetros. También hay numerosas opciones desde Playa del Carmen o Riviera Maya, ¡todo está pensado! El precio por trayecto es de 10 euros o algo menos.

El complejo arqueológico de Chichen Itzá está abierto todos los días de lunes a domingo en horario de 8 de la mañana a 17 de la tarde, aunque el último acceso al recinto se realiza a las 16:30 horas.

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