Villa Adriana y Villa D’Este

Villa Adriana y Villa D’Este

El esplendor del Imperio Romano no se encuentra únicamente presente en la ciudad de Roma, ya que éste ramificó su poder por prácticamente toda la geografía que hoy es identificada como Europa y parte de la zona oeste de Asia. Uno de los enclaves más visitados para conocer dicha cultura es Villa Adriana,  en Tívoli, ubicada a tan solo 23 kilómetros de Roma.

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Maravíllate con el lujo de Villa Adriana y los jardines de Villa de Este de Tívoli en un tour de 7 h desde Roma. Pasea por los jardines de los Borgia, visita los palacios del emperador Adriano y descubre los mejores edificios del Renacimiento italiano.

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La historia de Villa Adriana

El lugar fue elegido como enclave para que el emperador Adriano pasara gran parte de su tiempo de ocio y relax, huyendo de lo que era ya comúnmente conocido como su tedioso palacio en el Monte Palatino. Fuera real o no que Adriano estuviera cansado de vivir en Roma, la realidad nos cuenta que éste pasó los últimos años de su vida en Villa Adriana, haciendo que el complejo adquiriera cada año nuevos edificios y, con ellos, un esplendor que perdura hasta nuestros días. Como el emperador deseaba que este recinto fuera de descanso, quiso ubicarlo en un área donde pudieran construirse termas y abastecerse de manera natural, motivo por el cual encontramos antiguos acueductos conocidos como Anio Novus, Aqua Marcia, Aqua Claudia y Anio Vetus.

Tras la muerte del emperador Adriano, fueron otros emperadores los que ocuparon este precioso conjunto palaciego, aunque con el comienzo de la caída del Imperio Romano se inició también el abandono de Villa Adriana. Debido a la dejadez que imperaba en la zona, diferentes personalidades acudieron a ella para apropiarse de importantes obras de arte, como fue el caso del cardenal Hipólito II de Este, que decoró gran parte de su residencia (llamada Villa de Este) con obras que una vez pertenecieron a importantes emperadores romanos.

Estando en vida el emperador Adriano, el conjunto palaciego llegó a contar con hasta 30 edificios, encontrando entre ellos varios palacios, teatros y bibliotecas, templos, termas y baños y recintos habitables por su corte, entre la que se encontraban cortesanos, pretorianos y esclavos.

Qué ver en Villa Adriana

Entre algo menos de 30 edificios (no todos se conservan ni todos pueden visitarse), el visitante tiene un sinfín de opciones para acercarse a la magnificencia romana. Entre sus edificios hay varios que no pueden pasarse por algo, bien por la historia que guardan o por su importancia arquitectónica y artística.

Dos de ellos son el Canopus y Serapeum, los cuales conforman uno de los conjuntos acuáticos más bonitos del recinto. El Canopus era una piscina que recibió tal nombre debido a la fascinación de Adriano por el mundo egipcio, ya que Canopus era una ciudad de dicho país. Por otro lado, el Serapeum era una gruta artificial de la cual emana un precioso cocodrilo, y recibió el nombre en relación a un templo ubicado en la ciudad de Canopus, que rendía homenaje al dios Serapis. Un dato curioso de este recinto es que, a pesar de que sus nombres son egipcios, la influencia que dominó al construirse fue claramente griega.

La Plaza de Oro, conocida en italiano como Piazza d’Oro, es otro punto clave de Villa Adriana. Era la zona más rica en ornamentación de la villa, de ahí su nombre, de oro. Justo por esa razón, la Piazza d’Oro ha sido la que más expolios ha sufrido, habiendo llegado a albergar esculturas imperiales de Vibia Sabina (esposa de Adriano), Marco Aurelio y Caracalla.

El Teatro Marítimo es, posiblemente, el vestigio arquitectónico más curioso del recinto. Datado com una de las construcciones más antiguas de la villa, se piensa que pudo ser el primer hogar del emperador Adriano. Ello viene apoyado por la estructura tan inusual que tiene el edificio, pues no corresponde a ningún esquema de teatro romano. La zona más bonita de estos restos arqueológicos corresponden a una isla central rodeada por columnas, la cual se piensa que tenía fines relevantes y espirituales para el emperador.

No podemos olvidarnos de las Termas Pequeñas y Termas Grandes, las cuales son perfectas para hacernos una idea de lo importante que era en aquella época la división de clases según diferentes estamentos. Como es lógico y natural, las termas de menor tamaño estaban destinadas al uso por parte de los sirvientes y las de mayor tamaño para la nobleza que acompañaba la vida diaria de Adriano.

Siguiendo la línea de la división de clases sociales de época romana, el recinto conocido como Los Cien Cuartitos nos permite imaginar cómo era la vista del personal de servicio que atendía al emperador y su séquito. En su momento, se accedía a estas habitaciones a través de una especie de carretera secundaria y la ornamentación de las mismas eran muy modesta, acorde con las posibilidades de sus habitantes.

Por último nadie puede pasar por alto el edificio que Adriano llegó a construir por amor. El edifico es conocido como Antinoeion, en honor al amante del emperador: Antinoo. Adriano era conocido como “el emperador viajero”, conociendo en una de sus miles escapadas a un joven que conquistó desde el primer momento su corazón (lo conoció concretamente en Bitinio-Claudiópolis, actual Bolu en Turquía). Eclipsado por la belleza del muchacho, Adriano no solo levantó esta especie de templo, sino que ordenó realizar diferentes esculturas y obras de arte en su honor, como es el caso de la estatua “Antinoo como Osiris”, expuesta actualmente en el Museo del Louvre. Como comentamos anteriormente, Adriano estaba fascinado por el mundo egipcio, dejando evidencia en este edifico de su gusto.

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